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¿Por qué el cónclave es secreto?



En estos días previos al cónclave, se habla y se escribe mucho –y no siempre bien- sobre el secreto que rodea a la elección del nuevo Papa. Pero ¿por qué este secreto?

Las normas que regulan la elección del nuevo Pontífice se encuentran en la Constitución Apostólica de Juan Pablo IIUniversi Dominici Gregis, que obliga al secreto sobre todo lo que se refiere a la elección tanto a los cardenales electores como a los religiosos y laicos que colaboran al buen desarrollo del cónclave. Los cardenales tienen también prohibido comunicar con el exterior y recibir noticias por cualquier medio.

La finalidad de estas prohibiciones es mantener en torno a los electores un clima de retiro espiritual, casi de “clausura”: con el aislamiento del mundo exterior, se favorece un mayor fervor y una escucha más atenta del Espíritu Santo. Para que los cardenales estén más concentrados espiritualmente, se prohíbe cualquier relación con el exterior que pueda influenciar, molestar o turbar el ánimo de los electores. No olvidemos que en el pasado, las grandes potencias a menudo han tratado de “colocar” un Papa favorable a sus intereses. Las normas sobre el secreto tratan de proteger la elección del Papa de forma que la única influencia que actúe sea la del Espíritu Santo. Veámoslas con más detalle:

El lugar donde se desarrolla el cónclave es la capilla Sixtina. Durante el tiempo que dura la elección, ciertos sectores y edificios de la Ciudad del Vaticano permanecen cerrados a quienes no participan en el cónclave. Solamente pueden entrar los cardenales y las personas que colaboran de algún modo al buen desarrollo del mismo. Desde el inicio de las operaciones de la elección y hasta que el nombre del nuevo Papa sea anunciado públicamente, los cardenales tienen prohibido comunicar con el exterior, a menos que se trate de una necesidad urgente , debidamente reconocida por la Congregación particular (comisión formada por el cardenal Camarlengo –Mons. Bertone- y 3 cardenales elegidos por sorteo cada 3 días). Por este motivo, está también prohibido acercarse a los cardenales y hablar con ellos durante el trayecto que va desde la Domus Sanctae Martae, lugar donde se alojan, hasta la capilla Sixtina. Todo ello, para impedir que los cardenales puedan sufrir influencias o presiones externas que condicionen la elección.

La primera vez que entran en la Capilla Sixtina, los cardenales realizan un juramento, primero recitándolo todos juntos y luego uno por uno, poniendo la mano sobre el Evangelio. El texto del juramento tiene tres partes. En la primera, los cardenales se comprometen a observar las normas para la elección del nuevo Papa establecidas en la constitución Universi Dominici Gregis. La segunda parte del juramento se dirige al que será elegido Pontífice, para que desempeñe fielmente el ministerio de pastor de la Iglesia. La tercera parte se refiere a la obligación de guardar el secreto más absoluto sobre todo lo que se refiere a la elección, y al deber de no prestar apoyo ni dejarse influenciar por ninguna autoridad secular que trate de interferir en las votaciones.

Siempre para evitar influencias del exterior, durante los días del cónclave los cardenales no pueden leer los periódicos, ni escuchar la radio, la televisión o recurrir a otros medios informativos (teléfono móvil, SMS, internet...)

Quienes realizan distintos servicios durante el cónclave (técnicos, médicos, personal de servicio, confesores...), sean religiosos o laicos, deben prestar un juramento con el que se obligan a mantener en secreto todo lo referente a los actos de la elección, especialmente a las votaciones y los escrutinios. La pena para quien viole este juramento es la excomunión.

La constitución Universi Dominici Gregis también establece que se deben realizar en la capilla Sixtina “cuidadosos y severos controles, también con la ayuda de personas de segura fe y comprobada capacidad técnica, para que... no sean instalados de modo oculto y malicioso medios audiovisuales de reproducción trasmisión al exterior”.

Que los cardenales escuchen únicamente al Espíritu Santo...

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